Lenguaje y símbolos
La lengua que necesitaba decir «Yahoo» para nombrar el mal
Los Houyhnhnms carecen de una palabra general para el mal y convierten «Yahoo» en el calificativo con el que nombran fallos, daños y desorden.
Los Houyhnhnms no tienen una palabra general para expresar el mal.
Cuando necesitan nombrar la torpeza de un sirviente, la falta de un hijo, una piedra que hiere el casco o una temporada de mal tiempo, añaden un calificativo derivado de “Yahoo”. El defecto no se define por la acción, el daño o la circunstancia. Se relaciona con una criatura.
La lengua convierte al Yahoo en diccionario moral.
A primera vista, esta carencia parece confirmar la virtud de los Houyhnhnms. Si una sociedad apenas conoce la mentira, la enfermedad, el delito o la guerra, quizá no necesite un vocabulario abundante para ellos. Gulliver presenta su vida como ordenada por razón, costumbre y acuerdo. Su historia se conserva oralmente porque ocurren pocos acontecimientos capaces de alterar la comunidad.
El léxico reducido podría ser la huella de una vida buena.
Swift coloca, sin embargo, la observación al final de un capítulo que vuelve esa lectura mucho más difícil. En la misma sección, la asamblea general debate si los Yahoos deben ser exterminados. El amo de Gulliver propone una alternativa: castrar a los jóvenes para que la especie desaparezca gradualmente y sustituir su trabajo por el de los asnos.
La sociedad que carece de una palabra propia para el mal puede discutir la eliminación de una población sin sentir que su lenguaje moral se ha roto.
Ahí aparece la ironía más fuerte. No nombrar algo no impide realizarlo. A veces permite describirlo con términos administrativos, agrícolas o racionales.
Los Houyhnhnms hablan de utilidad, disciplina, reproducción y orden. Los Yahoos aparecen como animales sucios, dañinos y difíciles de controlar. Una vez que la especie concentra todo lo negativo, actuar contra ella ya no parece una decisión moral que deba examinarse. Parece una operación de saneamiento.
La palabra “Yahoo” hace dos trabajos a la vez. Nombra a un grupo y absorbe las cualidades que la sociedad rechaza. Deja de significar solo un ser concreto para convertirse en prefijo de torpeza, deformidad, incumplimiento o daño.
Cuando una identidad funciona de ese modo, la gramática sustituye al juicio.
No hace falta preguntar qué ocurrió, quién sufrió o qué intención existía. Basta con asociar la situación a la categoría degradada. El mal no se analiza como conducta; se localiza en una clase de seres.
Swift no está formulando una teoría lingüística moderna según la cual la ausencia de una palabra haga imposible pensar un concepto. Los Houyhnhnms comprenden daños, errores y conductas indeseables. Pueden debatir soluciones complejas. Su idioma no los vuelve incapaces de reconocer consecuencias.
Lo inquietante es cómo distribuye la responsabilidad.
La piedra que hiere un pie no tiene intención. El mal tiempo tampoco. Un niño que omite una tarea y un sirviente que actúa torpemente pertenecen a situaciones distintas. La lengua Houyhnhnm reúne esos casos bajo una referencia a los Yahoos. Todo lo irregular se acerca simbólicamente a la especie despreciada.
La clasificación produce una imagen limpia de la comunidad racional. Si la falsedad, el desorden o la crueldad son “Yahoo”, el Houyhnhnm puede entenderlos como algo exterior a su propia naturaleza. Incluso cuando propone una medida monstruosa, su vocabulario le permite conservar la identidad de criatura gobernada por razón.
El mal siempre viene de otro cuerpo.
Gulliver adopta esa gramática con entusiasmo. Al volver a Europa, llama Yahoos a marineros, familiares y vecinos. El término ya no describe a los animales encontrados durante el viaje. Funciona como veredicto anterior a cualquier encuentro. Una persona puede mostrar paciencia o generosidad, pero primero debe atravesar una palabra que la ha condenado como especie.
La lengua ofrece a Gulliver una protección contra la excepción.
Si Pedro de Méndez se comporta con bondad, sigue siendo un Yahoo algo mejor educado. Si su esposa lo recibe con afecto, el contacto sigue pareciéndole contaminación. La categoría permite mantener intacta la teoría cuando la experiencia presenta un caso incómodo.
Por eso la falta de una palabra para el mal no demuestra necesariamente inocencia moral. Puede revelar que una sociedad ha depositado el concepto entero sobre una figura externa. Ya no necesita preguntarse si sus propias decisiones participan de aquello que condena.
Las palabras no son culpables por sí solas. Toda lengua crea asociaciones, metáforas y abreviaturas. El problema comienza cuando una abreviatura moral sustituye la descripción de los actos y convierte a un grupo en explicación suficiente.
Swift hace que el lector admire por momentos la claridad de los Houyhnhnms y luego observe el precio de esa claridad. Su mundo parece libre de ambigüedad porque muchas contradicciones han sido expulsadas hacia los Yahoos.
La lengua que no tenía una palabra para el mal sí tenía una palabra para todo aquello que no quería reconocer en sí misma.
Esa palabra era “Yahoo”.
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