Medición y estándares
La Revolución francesa convirtió el mediodía en las cinco
En 1793, Francia dividió legalmente el día en diez horas. El mediodía pasó a ser las cinco, pero el nuevo reloj exigía que toda la sociedad cambiara de hora a la vez.
Reloj decimal fabricado por Pierre-Basile Lepaute en 1795. La esfera conserva simultáneamente la escala revolucionaria de diez horas y referencias de la hora tradicional.
En un reloj decimal de la Revolución francesa, el mediodía no está marcado con un 12. Está marcado con un 5.
La razón es sencilla y radical: el día completo se dividía en diez horas. Cada hora tenía cien minutos y cada minuto, cien segundos. La medianoche cerraba la jornada en la hora diez; doce horas actuales después, el Sol alcanzaba el mediodía en la hora cinco.
No fue una ocurrencia de un relojero excéntrico. Durante un breve periodo fue la hora legal que la República quiso incorporar a los documentos públicos. El experimento muestra que medir el tiempo no consiste únicamente en escoger divisiones matemáticas. También exige que una sociedad entera acepte coordinarse con ellas.
Un día reconstruido con múltiplos de diez
En 1793, la Convención Nacional estaba rehaciendo algo más que el gobierno de Francia. La nueva República cambió la era desde la que se contaban los años, sustituyó el calendario gregoriano por el republicano y reorganizó los meses en periodos de diez días llamados décadas.
El decreto sobre la era republicana llevó la lógica decimal hasta el interior de cada jornada. El día, desde una medianoche hasta la siguiente, quedaba dividido en diez horas; la centésima parte de una hora recibía el nombre de minuto decimal y la centésima parte de ese minuto, segundo decimal.
Las nuevas unidades no coincidían con las antiguas. Una hora decimal duraba 144 minutos actuales, es decir, dos horas y veinticuatro minutos. Un minuto decimal equivalía a 86,4 segundos actuales y un segundo decimal a 0,864 segundos.
La aritmética era limpia. Media jornada podía escribirse como 5,00 horas. Las seis de la tarde eran las 7,50. Una cuarta parte del día eran 2,50 horas. Sumar y dividir intervalos ya no obligaba a saltar entre 24, 60 y 60.
La norma pospuso su uso obligatorio en los registros públicos hasta el 1 de vendimiario del año III, equivalente al 22 de septiembre de 1794. La demora dejaba un periodo de adaptación para fabricar relojes, publicar tablas de conversión y enseñar a leer la nueva esfera.
Dos horas distintas en el mismo reloj
Los objetos conservados revelan que la transición nunca fue completa. Un reloj esqueleto fabricado hacia 1795 y conservado por el Musée Carnavalet tiene dos esferas superpuestas: la superior muestra las horas decimales; la inferior conserva las horas tradicionales e incorpora el calendario y los días de la década.
Otro reloj de 1795, fabricado por Pierre-Basile Lepaute, reúne también las dos formas de contar. La escala del uno al diez convive con números romanos que permiten seguir leyendo la jornada antigua.
Esa duplicación es más que una curiosidad de diseño. Un reloj exclusivamente decimal podía indicar la hora oficial nueva, pero dejaba a su propietario aislado de quien siguiera diciendo «las doce» o «las seis». La doble esfera funcionaba como un traductor instalado dentro del propio objeto.