Rituales y sociedad
Las tablillas de Bath eran hojas de reclamaciones dirigidas a una diosa
“Las tablillas de Bath recuerdan que, cuando la justicia humana parecía insuficiente, incluso una túnica robada podía convertirse en asunto divino.”

Tablillas romanas de maldición de Bath expuestas en las Termas Romanas, incluida la queja por el robo de Vilbia.
Hay una forma equivocada de imaginar una tablilla de maldición romana: túnicas negras, hechiceros solemnes, grandes enemigos, oscuridad teatral. Las tablillas de Bath son más interesantes porque son menos espectaculares. Muchas nacieron de algo mucho más pequeño: a alguien le habían robado ropa, dinero, unos guantes, una capa o algún objeto modesto mientras estaba en las termas.
La idea central está en ese cambio de jurisdicción: en la Britania romana, una maldición podía funcionar como una hoja de reclamaciones dirigida a una diosa.
En Bath, la antigua Aquae Sulis, el agua caliente no era solo infraestructura de baño. También era un lugar sagrado. El museo de las Termas Romanas explica que se conservan 130 tablillas personales y privadas, inscritas en pequeñas láminas de plomo o peltre, datadas entre el siglo II y finales del IV d. C. Las tablillas se enrollaban y se arrojaban a la fuente, donde se creía que habitaba Sulis Minerva. Quien escribía no pedía una abstracción religiosa: pedía que se corrigiera una injusticia concreta.
Eso cambia el tono. No estamos ante una literatura de emperadores, guerras o mármoles. Estamos ante gente enfadada porque le habían quitado cosas. La página del museo lo dice con una claridad casi doméstica: las oraciones revelan la ira de personas ordinarias por la pérdida de objetos que hoy podrían parecernos modestos, pero que importaban mucho a quienes tenían pocas posesiones. La furia antigua no siempre nace de una gran tragedia. A veces nace de salir del baño y descubrir que tu túnica ya no está.
Las tablillas de Bath pertenecen a un tipo de texto que algunos estudiosos prefieren llamar “prayers for justice”, oraciones por justicia, más que simples maldiciones. La diferencia importa. El objetivo no era solo hacer daño por odio privado. En muchos casos, la víctima intentaba que una autoridad sobrenatural presionara al ladrón para devolver lo robado. La operación podía ser astuta: el objeto perdido se dedicaba a la diosa, de modo que el robo dejaba de ser solo una pérdida humana y pasaba a ser una ofensa contra Sulis Minerva.
La justicia, así, cambiaba de jurisdicción.
El procedimiento parece pequeño, pero es sofisticado. Primero había que escribir el texto sobre metal blando. A veces en capitales, a veces en cursiva, a veces con escritura invertida o difícil. Después la lámina podía plegarse, enrollarse y depositarse en el agua. El mensaje no estaba pensado para circular entre humanos como una denuncia pública ordinaria. Su destinataria era la divinidad. La fuente funcionaba como buzón.
Roman Inscriptions of Britain conserva una ficha muy concreta, RIB 154, una tablilla de plomo de 68,3 milímetros por lado hallada en 1880 en el depósito romano bajo el King's Bath. La ficha la clasifica como defixio, la data entre los siglos II y IV, y señala que el texto fue escrito con cada palabra al revés. Es una pieza mínima, pero exige una lectura técnica enorme: material deteriorado, márgenes perdidos, letras recortadas, palabras invertidas. El pasado no habla limpio. Hay que aprender a leer sus arañazos.