Medicina e higiene
El bálsamo heroico terminó en vómito compartido
Después de la batalla contra los rebaños, el remedio legendario de Don Quijote reaparece no como medicina gloriosa, sino como materia que pasa del estómago del amo al cuerpo del escudero.

El supuesto bálsamo heroico provoca a amo y escudero vómitos, sudores y un desenlace corporal muy poco épico; Gustave Doré, 1863.
Las piedras de los pastores dejan a Don Quijote en el suelo, con la mano dañada y varios dientes menos. Antes de caer había intentado beber el bálsamo de Fierabrás que llevaba en una alcuza. La segunda pedrada rompe el recipiente, pero parte del líquido ya ha llegado a su estómago.
Cuando Sancho se acerca para contarle las muelas, Don Quijote vomita sobre sus barbas. El escudero interpreta primero el líquido como sangre y teme que su amo esté herido de muerte. Solo después, por el color, el sabor y el olor, reconoce el bálsamo.
El reconocimiento no trae alivio. El asco hace que Sancho vomite a su vez sobre Don Quijote. La sustancia que debía separar al caballero común del héroe invulnerable produce una escena de contaminación recíproca: el remedio atraviesa al amo, alcanza al escudero y vuelve sobre el primero transformado por otro cuerpo.
La comicidad es deliberadamente material. No basta con decir que el bálsamo fracasa. Cervantes lo hace visible en su olor, su textura y sus efectos. La medicina fantástica de los libros de caballerías queda sometida a estómagos concretos, y esos estómagos responden sin respeto por el prestigio de la receta.
El episodio prolonga una diferencia ya mostrada en la venta. Don Quijote había bebido el preparado y atribuido su recuperación al poder del bálsamo. Sancho, al probarlo, sufrió violentamente y recibió como explicación que el remedio solo servía a caballeros. Ahora ni siquiera el cuerpo privilegiado de Don Quijote mantiene intacta la promesa heroica.
La reacción de Sancho también corrige la distancia entre observador y víctima. Se acerca compasivo para examinar la boca de su amo y termina cubierto por lo que el caballero expulsa. Ayudar dentro de la aventura significa quedar físicamente incorporado a sus consecuencias.
Después, Sancho busca en las alforjas algo con que limpiarse y curar a Don Quijote. Descubre que han desaparecido. La escena añade así una pérdida económica al desastre corporal: sin provisiones ni útiles, la pareja no puede convertir fácilmente el accidente en una pausa higiénica y controlada.
El bálsamo heroico termina en vómito compartido porque la novela no refuta la fantasía con una explicación médica abstracta. La obliga a pasar por dos cuerpos. Allí, la promesa de curación instantánea se vuelve olor, náusea, suciedad y dependencia mutua.