Religión comparada
San Jorge, San Martín, Santiago y San Pablo le permiten reinterpretar la santidad como milicia elevada
Don Quijote contempla un retablo de santos y no abandona su lenguaje caballeresco.

Ilustración pública incluida en el capítulo 58 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Don Quijote leyó un retablo de santos como caballería divina» porque pertenece al mismo capítulo.
Don Quijote contempla un retablo de santos y no abandona su lenguaje caballeresco.
San Jorge, San Martín, Santiago y San Pablo le permiten elevar la caballería a otro plano. La santidad aparece como milicia espiritual, como combate superior, como forma más alta de la empresa que él intenta imitar de manera terrestre.
La idea central está ahí: la caballería no desaparece, sino que se desplaza a lo divino.
Cervantes muestra una operación interpretativa muy propia de Don Quijote. Ante imágenes religiosas, no las lee solo como devoción, sino como continuidad de su ideal. Los santos se convierten en caballeros de Dios, guerreros de otro orden, modelos que legitiman su imaginación.
La escena permite ver cómo una misma figura puede circular entre religión, arte y literatura caballeresca. San Jorge mata al dragón, San Martín comparte la capa, Santiago aparece armado, San Pablo combate con doctrina. Don Quijote encuentra ahí una genealogía más noble para su vocación.
Hay ironía, pero también seriedad. El caballero reconoce que esos santos pelean mejor que él, en causa más alta y con victoria verdadera. Su caballería queda relativizada, no anulada.
La fe visual del retablo se vuelve espejo de su deseo de servir.
Don Quijote leyó un retablo de santos como caballería divina porque Cervantes sabía que una imaginación poderosa no abandona su forma favorita de entender el mundo: la traslada incluso a la santidad.