Filosofía práctica
Antes del gobierno, Don Quijote pide a Sancho hacer gala de su linaje humilde y no ocultar a sus parientes
Antes de que Sancho gobierne, Don Quijote le da un consejo que vale más que muchos adornos cortesanos.

Ilustración pública incluida en el capítulo 42 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Don Quijote aconsejó a Sancho no avergonzarse de ser labrador» porque pertenece al mismo capítulo.
Antes de que Sancho gobierne, Don Quijote le da un consejo que vale más que muchos adornos cortesanos.
Le pide que no se avergüence de venir de labradores, que no oculte su origen y que haga gala de su linaje humilde. La dignidad política, para empezar, no debe construirse sobre una mentira genealógica.
La idea central está ahí: la buena política empieza por no fingir sangre que no se tiene.
Cervantes pone en boca del caballero una idea moral fuerte. Sancho va a entrar en un espacio donde las apariencias pesan. Podría intentar borrar su pasado, disimular a sus parientes y fabricarse una nobleza verbal. Don Quijote le aconseja lo contrario: gobernar sin vergüenza de lo que se es.
El consejo tiene doble filo. Por un lado, dignifica el origen bajo. Por otro, reconoce la presión brutal de una sociedad obsesionada con linajes. Si no hubiera desprecio hacia los labradores, no haría falta advertirle que no los niegue.
Sancho no llega al cargo por sangre, sino por una burla ducal que imita ascenso real. Pero precisamente por eso el consejo importa. Incluso dentro de una farsa, Cervantes deja caer una norma seria: quien sube traicionándose empieza mal.
La verdad del origen no impide el gobierno. La impostura sí puede deformarlo.
Don Quijote aconsejó a Sancho no avergonzarse de ser labrador porque Cervantes sabía que la primera corrupción del ascenso social puede ser fingir que nunca se vino de abajo.