Don Álvaro Tarfe certificó que este Don Quijote no era el falso
El personaje del libro apócrifo entra en la novela verdadera para declarar ante escribano que no conoce a este Don Quijote ni a este Sancho.
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El personaje del libro apócrifo entra en la novela verdadera para declarar ante escribano que no conoce a este Don Quijote ni a este Sancho.
En el camino resuelve una apuesta desigual entre un gordo y un flaco, como exgobernador que aún conserva oficio de sentencia.
Roque reparte el botín con tanta exactitud que Sancho concluye que la justicia es necesaria incluso entre ladrones.
Don Quijote intenta azotarlo por la fuerza; Sancho lo tumba y afirma que se ayuda a sí mismo, que es su señor.
Sancho se consuela porque Teresa envió bellotas a la duquesa después de recibido el gobierno, no antes.
Al descubrir que Tosilos es lacayo, la hija de Doña Rodríguez dice que más vale ser mujer legítima de lacayo que burlada por caballero.
Tras salir de la sima, Sancho acepta que quizá lo tengan por poco capaz, pero no por ladrón.
Sancho declara que entró sin blanca y sale sin blanca, al revés de otros gobernadores.
Doña Rodríguez y su hija aparecen de luto para pedir que Don Quijote obligue al burlador a cumplir la palabra matrimonial.
Sancho dicta ordenanzas contra regatones, vino aguado, precios abusivos, cantos lascivos y milagros sin testimonio auténtico.
Ante una ley imposible de cumplir sin matar injustamente, Sancho recuerda que cuando la justicia duda conviene acogerse a la misericordia.
El secretario lee la carta de Don Quijote como pieza digna de oro: vestir según el cargo, cuidar alimentos, visitar cárceles y no hacer leyes inútiles.
En su carta a Sancho, Don Quijote advierte que las pragmáticas no guardadas asustan al principio y luego se desprecian.
Después de sufrir a los negociantes, Sancho concluye que jueces y gobernadores deberían ser de bronce para aguantar importunidades.
Al hallar a una muchacha vestida de hombre, Sancho aparta a la gente para que declare sin vergüenza.
El escribano explica a Sancho que puede castigar garitos pequeños, pero no la casa de juego de un personaje importante.
La dueña cuenta que su hija fue burlada y que el duque no actúa porque el padre del burlador le presta dinero.
Sancho prueba una acusación grave observando cómo la mujer defiende una bolsa y sentencia desde esa comparación.
El duque ofrece una ínsula fértil y Sancho dice que no lo mueve la codicia, sino probar el sabor del gobierno.
Los azotes para desencantar a Dulcinea deben darse por voluntad de Sancho y cuando él quiera, aunque todos lo presionen.
Al hablar de Sancho gobernador, Don Quijote sostiene que bastan buena intención y buen asesor aunque falten letras.
Ante los armados del rebuzno, Don Quijote razona que una ofensa privada no justifica una guerra colectiva.
Ante el falso moribundo, Quiteria declara que ninguna fuerza tuerce su voluntad y le da la mano como esposa.
Don Quijote, el cura y el barbero hablan de razón de Estado y gobiernos hasta parecer nuevos legisladores.
Al oír que el Turco amenaza el Mediterráneo, Don Quijote propone como prevención convocar caballeros andantes.
Sancho teme a la Santa Hermandad tras la pelea, mientras Don Quijote se cree fuera de jurisdicción por ser caballero andante.