Filosofía práctica

Sancho abrazó al rucio y eligió su antigua libertad

Tras la burla militar, Sancho besa al rucio y decide volver a la vida anterior antes que seguir gobernando.

7 de julio de 20263 min de lecturaRevisión editorial superada

Sancho sale de Barataria y vuelve al animal que lo entiende mejor que el cargo.

Después de la falsa guerra, los golpes y el cansancio del gobierno, abraza y besa al rucio. Ese gesto vale más que un discurso. El escudero reconoce dónde está su antigua libertad: no en la silla de gobernador, sino en volver a caminar con lo suyo.

La Perla está ahí: Sancho descubre que una hoz puede valer más que un cetro.

Cervantes no convierte su renuncia en derrota simple. Sancho ha probado el poder, ha juzgado con inteligencia y ha resistido más de lo que muchos esperaban. Pero también ha aprendido que mandar puede ser una cárcel cuando otros controlan la comida, el sueño, el cuerpo y el escenario.

El rucio representa lo contrario de Barataria. No promete grandeza, pero ofrece continuidad. No da honores, pero devuelve una identidad más propia. Sancho no necesita fingir ante él ni sostener una dignidad fabricada.

La escena tiene una ternura política. El escudero no rechaza todo ascenso por cobardía, sino porque ha comprobado su coste. Prefiere la pobreza conocida a un poder que lo inmoviliza, lo hambrea y lo ridiculiza.

Su libertad no es abstracta. Tiene pelo, paso lento y memoria compartida.

Sancho abrazó al rucio y eligió su antigua libertad porque Cervantes sabía que a veces la verdadera salida del poder consiste en recuperar aquello humilde que no exige convertirse en otro.

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