Animales e inteligencia
La Arcadia nocturna acabó bajo seiscientos puercos
Cuando Don Quijote quiere empezar el ejercicio pastoral, una piara de más de seiscientos cerdos los arrolla.
Don Quijote apenas empieza a imaginar su nueva vida pastoril y la realidad rural responde de otro modo.
En vez de églogas, nombres dulces y prados literarios, llega una piara de más de seiscientos puercos. El sueño arcádico acaba bajo ruido, barro y cuerpos que pasan por encima.
La Perla está ahí: la realidad del campo aplasta la fantasía pastoril con su materia menos decorativa.
Cervantes vuelve a desmontar los géneros con animales. La pastoral literaria convierte el campo en paisaje de amor, música y ocio refinado. La piara recuerda que el campo también huele, empuja, ensucia y se mueve por necesidades no literarias.
La escena es cómica porque la respuesta es brutalmente antipoética. Don Quijote cambia de caballería a pastoreo, pero antes de habitar el nuevo género recibe una corrección porcina. La naturaleza real no respeta el decorado que la literatura le impone.
Sancho y Don Quijote quedan de nuevo en el suelo, no ante gigantes ni caballeros, sino ante animales comunes. La derrota del ideal continúa por vía rural.
La Arcadia imaginada no llega a instalarse. La granja verdadera pasa primero.
La Arcadia nocturna acabó bajo seiscientos puercos porque Cervantes sabía que ningún sueño pastoral resiste mucho si el campo real entra con ruido, peso y olor antes de que empiece la canción.
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