Figuras olvidadas
El hombre bueno que Gulliver necesitaba despreciar
Pedro de Méndez rescata a Gulliver con una paciencia impecable; precisamente por eso, su humanidad deja al descubierto la misantropía del náufrago.

Grabado de Grandville situado al cierre del capítulo XI, en el tramo del regreso de Gulliver que la paciencia de Don Pedro hace posible. Don Pedro no aparece identificado de forma inequívoca; la imagen funciona como contexto del capítulo, no como retrato literal de la escena.
Gulliver quiere escapar de la humanidad y termina siendo salvado por uno de sus mejores representantes.
Tras abandonar el país de los Houyhnhnms, no busca volver a casa. Busca una isla desierta donde no tenga que convivir con seres humanos. Cuando ve acercarse un barco europeo, su primera reacción no es pedir auxilio, sino esconderse. Prefiere exponerse a peligros desconocidos antes que regresar entre quienes ya llama Yahoos.
Los marineros portugueses lo encuentran vestido con pieles, hablando con una entonación semejante al relincho y definiéndose como un Yahoo desterrado. Podrían burlarse, castigarlo o abandonarlo. En cambio, hablan con humanidad, prometen llevarlo gratis a Lisboa y concluyen que sus desgracias quizá hayan perturbado su razón.
Luego aparece el capitán Pedro de Méndez.
Swift lo presenta con dos palabras poco espectaculares: cortés y generoso. Don Pedro pregunta qué necesita su extraño pasajero, qué desea comer o beber, y le promete tratarlo tan bien como a sí mismo. Ordena que le den pollo, vino y una cabina limpia. Cuando Gulliver intenta arrojarse al mar para no permanecer entre humanos, el capitán no responde con desprecio. Le pregunta por qué ha querido morir y le asegura que solo pretende ayudarlo.
La bondad de Pedro de Méndez no refuta la misantropía de Gulliver con un discurso; la vuelve indefendible con su conducta.
Ese contraste es la verdadera función del personaje. Gulliver acaba de construir una teoría total sobre la especie humana. Los hombres, piensa, son animales degradados que usan la razón para ampliar sus vicios. La teoría parece confirmada por muchas escenas anteriores: guerras absurdas, ambición cortesana, explotación, corrupción y violencia. Pero una sola persona concreta introduce un problema que el sistema de Gulliver no sabe resolver.
Don Pedro no es perfecto ni sobrehumano. Es simplemente decente. Escucha una historia inverosímil, comprueba cuanto puede, protege a un hombre que lo rechaza y soporta insultos apenas disfrazados. Gulliver acepta hablar con él solo después de rebajarlo mentalmente a “un animal con alguna pequeña porción de razón”. Pedro no protesta por la humillación. Continúa cuidándolo.
Durante el viaje, lo invita a sentarse con él y tolera sus arrebatos de aversión. En Lisboa lo hospeda en su propia casa, limita el contacto con los sirvientes para no angustiarlo, le consigue ropa nueva y lo acompaña poco a poco hasta la ventana, la puerta y la calle. No fuerza una recuperación rápida: construye una transición.
Después insiste en que Gulliver debe regresar con su esposa y sus hijos. Le encuentra un barco, le proporciona lo necesario, lo acompaña hasta el muelle y le presta veinte libras. Incluso el abrazo de despedida, que Gulliver apenas soporta, resume el desequilibrio moral de la escena: uno ofrece afecto; el otro lo padece como contaminación.
Aquí Swift hace algo más incisivo que presentar “al hombre bueno” frente “al hombre malo”. Don Pedro muestra que el error de Gulliver no consiste en haber visto demasiada maldad humana. Consiste en convertir esa experiencia en una categoría que ya no permite reconocer una excepción.
La misantropía se protege generalizando. Si todo ser humano es un Yahoo, cualquier gesto noble queda reducido de antemano a accidente, máscara o pequeña anomalía. La teoría ya no puede ser corregida por la realidad porque ha decidido qué significa la realidad antes de mirarla.
Pedro de Méndez es peligroso para Gulliver precisamente porque no intenta parecer ejemplar. Su paciencia cotidiana demuestra que la humanidad no es una esencia única, sino una capacidad que puede degradarse o ejercerse. El capitán no necesita negar las atrocidades observadas durante los viajes. Basta con que actúe de otra manera.
Por eso este personaje breve pesa tanto al final de la novela. Mientras Gulliver habla de razón, virtud y pureza, Don Pedro practica hospitalidad, prudencia y misericordia. El supuesto alumno de los Houyhnhnms desprecia; el Yahoo portugués cuida.
Swift deja así una prueba muy sencilla. Una filosofía moral que no puede reconocer al hombre que te salva quizá ya no sea filosofía moral. Quizá sea una forma elegante de no volver a mirar a nadie.



