Memoria y archivos

Don Quijote presumió de treinta mil ejemplares

Don Quijote se presenta ante el Caballero del Verde Gabán como alguien ya impreso en casi todas las naciones.

7 de julio de 20263 min de lecturaRevisión editorial superada
Don Quijote se presenta ante Don Diego de Miranda y Sancho durante el camino.

Don Quijote presume ante Don Diego de Miranda de la difusión impresa de su historia.

Crédito
Gustave Doré, ilustración vía Project Gutenberg

Don Quijote se presenta ante Don Diego de Miranda con una conciencia nueva de sí mismo.

Ya no es solo el hidalgo que sale a buscar aventuras. Es alguien que sabe que anda impreso, leído y repetido. Presume de que sus hazañas corren por casi todas las naciones y de que hay miles de ejemplares de su historia.

La Perla está ahí: Don Quijote empieza a hablar de sí como personaje publicado.

La Segunda Parte vive en ese territorio extraño. El protagonista ya conoce su fama impresa y la incorpora a su identidad. La aventura no ocurre solo en caminos; ocurre bajo el eco de lectores que ya han oído hablar de él.

La cifra de los ejemplares importa menos como estadística exacta que como gesto de conciencia pública. Don Quijote entiende que su nombre ha salido de la aldea y circula por redes de papel, traducción y conversación.

Pero esa fama es ambigua. Le da grandeza, sí, pero también lo expone. Ser leído significa que otros tienen una versión de uno, quizá admirada, quizá burlona, quizá equivocada. La publicación engrandece y desposee al mismo tiempo.

Cervantes convierte a su personaje en alguien que vive dentro de la recepción de su propio libro. Es una de las grandes audacias de la novela: un hombre de ficción sabe que su ficción ya tiene público.

Don Quijote presumió de treinta mil ejemplares porque la fama, una vez impresa, se vuelve parte del personaje que la recibe.

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