Comedia e historia del humor
Altisidora convirtió el despecho en inventario de ligas y tocadores
Altisidora acusa a Don Quijote de llevarse tocadores, ligas y suspiros, mezclando amor fingido y objetos íntimos.
Altisidora despide a Don Quijote con una canción de despecho fabricado.
Pero su queja no se queda en el amor abstracto. Habla de tocadores, ligas, suspiros y objetos íntimos. El falso dolor amoroso se vuelve lista de prendas, como si la herida sentimental pudiera contarse en cosas llevadas o perdidas.
La Perla está ahí: la parodia amorosa se vuelve contabilidad de objetos íntimos.
Cervantes exagera el lenguaje del despecho hasta hacerlo material. Altisidora no solo acusa a Don Quijote de crueldad sentimental; lo rodea de pequeños objetos que vuelven doméstica y ridícula la escena. El amor cortesano, que suele elevarse, baja al tocador.
La burla funciona porque mezcla registros. Don Quijote quiere mantenerse fiel a Dulcinea y a su papel caballeresco. Altisidora, desde el teatro ducal, le lanza una acusación amorosa cargada de objetos casi de alcoba. La solemnidad del caballero queda enredada en una comedia de prendas.
La escena también recuerda cómo el palacio no deja marchar sin convertir la despedida en espectáculo. Incluso la salida necesita canción, público e ironía.
Altisidora no está simplemente enamorada. Está representando el amor como inventario burlesco.
Altisidora convirtió el despecho en inventario de ligas y tocadores porque Cervantes sabía que la retórica amorosa se vuelve cómica cuando baja de los suspiros a la lista concreta de cosas que alguien dice haber perdido.
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