Rituales y sociedad
Sasi protege un recurso cerrándolo durante meses y concentrando la cosecha en una reapertura común
“En el mar, la prohibición puede afectar pepinos de mar, conchas, peces concretos o zonas de arrecife. En tierra puede regular sago, frutas, cocoteros u otros bienes. La institución no es una única lista universal: cada comunidad decide qué recurso, territorio y periodo quedan sometidos al cierre.”

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Una zona protegida suele dibujarse como un espacio donde ciertas actividades están prohibidas de manera continua. En varias comunidades de Maluku y Papua occidental, la institución conocida como sasi organiza la protección de otra forma: no solo define dónde puede extraerse un recurso, sino cuándo debe dejarse en paz y cuándo puede abrirse la cosecha.
La palabra se asocia a prohibición. La FAO describe sasi como una norma consuetudinaria acordada por la comunidad que puede aplicarse a bosques, cultivos, costas y recursos marinos. Cerrar sasi significa impedir durante un tiempo la extracción de determinados productos.
En el mar, la prohibición puede afectar pepinos de mar, conchas, peces concretos o zonas de arrecife. En tierra puede regular sago, frutas, cocoteros u otros bienes. La institución no es una única lista universal: cada comunidad decide qué recurso, territorio y periodo quedan sometidos al cierre.
El mecanismo combina espacio y tiempo. Una reserva permanente intenta reducir la presión manteniendo una regla estable. Sasi permite que la actividad se detenga, que el recurso permanezca sin cosecha y que después exista una reapertura. La frontera principal no siempre es una valla: puede ser una fecha conocida y una norma reconocida.
La reapertura no equivale necesariamente a acceso libre. Estudios sobre sasi lola en las islas Kei muestran que la cosecha de trochus, un caracol marino valioso, podía organizarse mediante reglas sobre participantes, momento, lugar y distribución. El periodo abierto concentra actividad económica que había sido aplazada.
Esa concentración hace visible una tensión. Si durante meses nadie extrae y después muchas personas cosechan al mismo tiempo, la sostenibilidad depende de cuánto dura el cierre, qué esfuerzo se permite al abrir y quién vigila. Una pausa temporal no garantiza por sí sola que la extracción final sea moderada.
La autoridad se apoya en instituciones locales. Informes de WorldFish describen vínculos con petuanan laut, territorios marinos asociados a grupos sociales, y con creencias, reglas y rituales que regulan prohibiciones temporales. En algunas comunidades, órganos como el kewang vigilan el cumplimiento.
La ceremonia importa porque comunica la norma y legitima el cambio de estado. Cerrar o abrir sasi puede implicar señales, anuncios, autoridades religiosas o consuetudinarias y participación pública. El recurso no cambia físicamente en un instante; lo que cambia es la autorización colectiva para tocarlo.
Sasi ha sido elogiado como conservación indígena, pero su historia es más compleja. Un estudio clásico sobre Maluku explica que las prácticas variaban mucho y estaban ligadas a ideas religiosas, relaciones sociales y transformaciones coloniales y estatales. La etiqueta ambiental moderna puede simplificar esa diversidad.
Durante el régimen del Nuevo Orden indonesio, varios sistemas locales de gestión fueron deslegitimados o debilitados. Tras la Reforma iniciada en 1998, algunas comunidades y organizaciones intentaron reactivar o adaptar sasi. La continuidad, por tanto, no fue una línea intacta desde un pasado remoto.