Literatura y narrativa
Sancho presenta tres labradoras como Dulcinea y sus doncellas; Don Quijote ve borricos y aldeanas, pero termina aceptando la explicación del encantamiento
Sancho improvisa una salida para su problema: presenta a unas labradoras como Dulcinea y sus doncellas.

Sancho prepara el recurso que convertirá a una aldeana en Dulcinea encantada.
Sancho improvisa una salida para su problema: presenta a unas labradoras como Dulcinea y sus doncellas.
Lo decisivo es que Don Quijote no ve lo que Sancho dice. Ve aldeanas, borricos y una escena rústica. Por primera vez, la fantasía no transforma directamente la realidad a favor del caballero. Necesita una explicación nueva: el encantamiento.
La idea central está ahí: Sancho inventa una mentira que acabará organizando buena parte de la Segunda Parte.
Hasta ahora, Don Quijote solía convertir ventas en castillos y rebaños en ejércitos. Aquí ocurre algo más complejo. La realidad se le impone con demasiada fuerza, pero Sancho le ofrece un puente: Dulcinea está encantada. No es que el ideal sea falso; es que ha sido deformado por poderes externos.
Esa explicación es perfecta porque salva todo. Salva a Sancho del apuro, salva a Don Quijote del derrumbe y salva a Dulcinea como ideal. Si lo que ve no coincide con lo que cree, no debe abandonar la creencia: debe culpar al encantamiento.
Cervantes muestra así cómo una ficción puede volverse resistente. Cuando un hecho la contradice, inventa una capa nueva que absorbe la contradicción.
La mentira de Sancho no queda como solución momentánea. Se convierte en motor. El desencanto de Dulcinea empezará a pesar sobre aventuras posteriores, decisiones y penitencias.
Sancho inventó el encantamiento porque necesitaba salir de una escena. Pero Cervantes lo convirtió en estructura de toda una parte de la novela.