Memoria y archivos
Sancho concluye que, puesto en libros y de mano en mano, no le importa que digan de él lo que quieran
Sancho entiende algo decisivo: una vez que uno anda en libros, ya no controla del todo lo que se dirá.

Ilustración pública incluida en el capítulo 8 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Sancho aceptó andar en libros aunque fuera mal hablado» porque pertenece al mismo capítulo.
Sancho entiende algo decisivo: una vez que uno anda en libros, ya no controla del todo lo que se dirá.
En el capítulo VIII, acepta que, puesto en libros y llevado de mano en mano, no le importa demasiado que hablen mal de él. La fama impresa tiene una mezcla de orgullo y resignación: mejor circular, aunque sea con críticas, que quedar fuera de la memoria.
La idea central está ahí: Sancho acepta el precio de la publicación antes que renunciar a existir como personaje.
Su postura no es exactamente vanidad culta. Es una intuición popular de la fama. Si su nombre viaja, si otros lo leen, si aparece en conversaciones, ya ha ganado algo. La mala opinión duele menos cuando confirma que uno importa lo suficiente para ser nombrado.
Cervantes vuelve a jugar con la conciencia literaria de la Segunda Parte. Sancho no solo vive aventuras: sabe que esas aventuras se han convertido en libro. Y al saberlo, empieza a pensar como alguien expuesto a lectores.
La frase tiene una modernidad tremenda. Publicarse es perder control. El texto pasa de mano en mano, y con él van interpretaciones, burlas, afectos y errores. Pero también va la posibilidad de permanecer.
Sancho, que suele medir beneficios con realismo, hace aquí una cuenta sencilla: quizá hablen mal, pero hablarán. La memoria imperfecta vale más que el silencio perfecto.
Don Quijote buscaba gloria heroica. Sancho descubre una fama más humilde y más práctica: estar en el libro, aunque sea con manchas.
Aceptó andar en libros porque entendió que la palabra pública transforma incluso la burla en una forma de existencia.