Medicina e higiene
Refrigerar sangre separó el momento de donar del momento de salvar
“En 1935 John Lundy organizó en Mayo Clinic un banco clínico de sangre refrigerada. Un estudio histórico sostiene que esa instalación funcionó casi dos años antes que la de Bernard Fantus en Chicago.”

Unidades de sangre almacenadas en refrigeración hospitalaria. La imagen muestra la infraestructura material que permite separar el momento de donar del momento de utilizar la sangre.
Las primeras transfusiones clínicas estaban atadas al presente. Había que encontrar un donante compatible, extraer la sangre y transferirla al receptor dentro de un intervalo muy breve. La urgencia médica dependía de que otra persona estuviera disponible en el lugar y en el momento adecuados.
La coagulación imponía el límite inmediato. Fuera de los vasos, la sangre comienza a formar coágulos; una colección que no pudiera mantenerse fluida no servía como reserva. El uso de citrato como anticoagulante, desarrollado durante la década de 1910, permitió conservarla durante un intervalo útil para transporte y almacenamiento.
El citrato no creó por sí solo un banco. Hizo posible una nueva pregunta: qué ocurre cuando la donación se realiza antes de conocer al receptor. Para responderla eran necesarios recipientes, temperatura controlada, etiquetado, pruebas de grupo, registros y criterios sobre cuánto tiempo podía conservarse cada unidad.
La refrigeración añadió tiempo al procedimiento. Al ralentizar procesos biológicos y bacterianos, permitió mantener sangre disponible más allá del acto de extracción. Ese tiempo no era una propiedad abstracta: debía sostenerse con equipos, termómetros, electricidad, protocolos y vigilancia de la cadena de frío.
AABB sitúa en Leningrado un banco hospitalario en 1932. En Estados Unidos, una revisión histórica de Mayo Clinic sostiene que John Lundy organizó en 1935 un banco funcional de sangre refrigerada, casi dos años antes de la instalación de Bernard Fantus en Chicago.
La cronología depende de qué se llame banco. Puede contarse desde el primer almacenamiento hospitalario, desde una reserva organizada de donantes, desde un laboratorio con inventario o desde la difusión del término. Distintas instituciones pueden ocupar el primer lugar bajo definiciones distintas sin que una de ellas tenga que desaparecer de la historia.
Fantus es central porque en 1937 organizó el laboratorio del Cook County Hospital y popularizó la expresión blood bank. La metáfora trasladaba al hospital ideas de depósito, reserva y retirada. Ayudaba a explicar el sistema, aunque la sangre no fuera una unidad intercambiable como el dinero.
Cada bolsa o frasco conservaba propiedades biológicas y una historia. Grupo sanguíneo, fecha, identidad del donante, pruebas realizadas y condiciones de almacenamiento determinaban para quién podía usarse y hasta cuándo. Convertir sangre en inventario aumentó la disponibilidad y multiplicó las obligaciones de trazabilidad.
La conservación separó dos calendarios. El donante podía ofrecer sangre en una jornada planificada; el receptor podía necesitarla días después durante una cirugía, una hemorragia o un trauma. Esa separación temporal permitió preparar capacidad antes de conocer el caso concreto que la consumiría.
También transformó el trabajo hospitalario. La transfusión dejó de ser únicamente un encuentro entre dos cuerpos y pasó a depender de laboratorios, almacenes, rotación de existencias y comunicación entre servicios. El banco era una infraestructura clínica que coordinaba donación, análisis, conservación y distribución.
