Comedia e historia del humor
Maritornes convirtió la guardia de Don Quijote en diversión nocturna
Maritornes y la hija de la ventera aprovecharon la imaginación caballeresca de Don Quijote para improvisar una burla desde el agujero del pajar.

Maritornes y la hija de la ventera atan la muñeca de Don Quijote al pajar y convierten su guardia en diversión nocturna; Gustave Doré, 1863.
Mientras casi todos duermen, Maritornes y la hija de la ventera permanecen despiertas. Conocen ya el modo en que Don Quijote interpreta la venta y saben que está fuera, armado y a caballo, haciendo guardia como si protegiera un castillo. Deciden burlarse de él o, al menos, pasar un rato escuchando sus discursos. La diversión nace de una familiaridad práctica con sus errores.
La arquitectura de la venta ayuda a construir el engaño. No existe una ventana que dé al campo, sino un agujero del pajar por donde se arroja la paja. Desde allí ven al caballero apoyado en la lanza, suspirando y hablando con Dulcinea. Para él, el agujero se transforma en una ventana con rejas doradas y las dos mujeres pasan a ser damas del castillo atraídas por su fama.
Maritornes sigue la lógica de la fantasía para dirigirla. Afirma que su señora solo desea una de sus hermosas manos. Cuando Don Quijote se alza sobre la silla para alcanzarlas, ella trae el cabestro del asno de Sancho, hace una lazada corrediza en la muñeca y ata el otro extremo al cerrojo. Las dos se marchan riendo, mientras él queda de pie sobre Rocinante, temeroso de que cualquier movimiento lo deje suspendido por el brazo.
La escena concede iniciativa cómica a dos mujeres que suelen ocupar posiciones subordinadas dentro de la venta. No son espectadoras pasivas de la locura: observan sus reglas, crean un escenario mínimo y consiguen que Don Quijote complete por sí mismo el resto. La burla tiene una dimensión cruel, porque lo inmoviliza y lo pone en peligro. Al mismo tiempo muestra que su mundo caballeresco puede convertirse en espectáculo para quienes trabajan alrededor de él y han aprendido a anticipar sus interpretaciones.