Filosofía práctica
Maritornes pagó el vino con su propio dinero
Después del manteo, Maritornes socorre a Sancho y paga de su bolsillo el vino que pide: una acción mínima que complica el retrato degradante construido sobre ella.

Maritornes paga de su bolsillo el vino que ayuda a Sancho a recuperarse antes de abandonar la venta; Gustave Doré, 1863.
Sancho queda maltrecho tras ser lanzado repetidamente en la manta. Los hombres que participaron en la diversión lo abandonan dolorido, y la escena podría terminar como otra humillación sin reparación. Quienes se acercan a ayudarlo son la hija del ventero y Maritornes.
Primero le ofrecen agua. Sancho, todavía convencido de los remedios y necesidades de la aventura, pide vino. Maritornes se encarga de conseguirlo y lo paga con su propio dinero. El detalle ocupa poco espacio, pero el narrador se detiene a explicarlo porque contradice el modo en que la criada había sido presentada.
Desde su primera aparición, Maritornes es descrita mediante un inventario físico burlesco y por su disponibilidad sexual. La voz narrativa la sitúa en una posición social baja y la convierte fácilmente en objeto de comicidad. El pago del vino introduce una información que ese retrato no podía contener: posee dinero propio, decide gastarlo y lo hace en beneficio de alguien que no puede devolverle el favor.
La ayuda resulta más significativa por el contexto. Sancho pertenece al grupo que la noche anterior contribuyó al caos del aposento. Aunque él no había buscado el encuentro con ella, ambos se golpearon en la oscuridad. Maritornes no utiliza esa historia para justificar indiferencia. Responde al cuerpo herido que tiene delante.
El narrador comenta el gesto con el lenguaje moral de su época, atribuyéndole ciertas “sombras” de cristiana a pesar del trato en que vive. La frase pretende elogiarla sin abandonar del todo el juicio sobre su conducta. La caridad aparece casi como excepción sorprendente dentro de una persona previamente desacreditada.
Pero la acción permite invertir la jerarquía del comentario. No es necesario decidir que Maritornes se vuelve virtuosa en todos los sentidos ni convertir una copa de vino en redención completa. Basta con observar que, en ese instante, actúa con mayor generosidad que los hombres respetables que se divirtieron a costa de Sancho.
El dinero también importa. Maritornes no ofrece una compasión abstracta ni recursos del ventero. Asume personalmente un coste, por pequeño que sea. En un capítulo organizado alrededor de cuentas no pagadas, su gesto es el único pago voluntario realizado para aliviar a otro.
La novela no corrige formalmente la descripción burlesca con la que presentó a Maritornes. Hace algo más eficaz: le concede una conducta que desborda esa descripción. La criada ridiculizada, deseada, golpeada y vigilada es también la persona que ve a Sancho en el suelo y decide que el vino no debe quedar sin pagar.