Filosofía y pensamiento
Gulliver imaginó la inmortalidad como una máquina de acumularlo todo
Antes de conocer a los struldbrugs, Gulliver creyó que una vida infinita permitiría reunir riqueza, conocimiento, autoridad y memoria sin límite.
Cuando Gulliver oye que en Luggnagg nacen personas incapaces de morir, no pregunta primero cómo viven. Empieza a diseñar lo que él haría con una eternidad disponible.
Su reacción es una explosión de entusiasmo. Llama felices a la nación y a quienes pueden conversar con testigos de todas las épocas. Supone que los struldbrugs deben de ser los consejeros más sabios del reino, porque ningún otro maestro podría haber acumulado tanta experiencia.
La inmortalidad aparece en su imaginación como una ventaja que produce intereses.
Cuando le preguntan qué plan seguiría si hubiera nacido struldbrug, Gulliver responde con un programa minucioso. Primero reuniría riqueza por todos los medios posibles. Con ahorro y buena administración, calcula que en unos doscientos años llegaría a ser el hombre más rico del reino.
Después estudiaría artes y ciencias desde la juventud hasta superar a todos los demás. Registraría cada acontecimiento público importante, describiría a príncipes y ministros sucesivos y anotaría los cambios de costumbres, lengua, vestidos, alimentación y diversiones.
No se limita a querer recordar. Quiere convertirse en el lugar al que los demás acudan para saber.
Gulliver se imagina como un tesoro vivo de conocimiento, una autoridad capaz de resolver disputas históricas porque estuvo presente. Vería cómo antiguas ciudades caen en ruinas y otras aldeas se convierten en capitales. Observaría el descubrimiento de nuevos países, los cambios de ríos y puertos, la aparición de inventos y las variaciones de la astronomía.
También organiza su vida privada. No se casaría después de los sesenta años, pero mantendría una mesa hospitalaria. Reuniría a otros inmortales, conservaría algunas amistades mortales y aceptaría reemplazarlas a medida que las generaciones desaparecieran.
La fantasía parece racional porque Gulliver enumera métodos, plazos y resultados. Sin embargo, todos dependen de una premisa que nunca examina: supone que vivir para siempre significa conservar indefinidamente salud, memoria, capacidad de aprendizaje, posición social y deseo.
Ha confundido duración con acumulación.
El dinero puede crecer durante dos siglos solo si quien lo administra conserva competencia, derechos y acceso a la propiedad. El conocimiento puede ampliarse solo si la memoria sigue organizando lo aprendido. La autoridad de un testigo sirve únicamente mientras otros entiendan su lengua, confíen en su juicio y reconozcan su lugar en la comunidad.
Gulliver no incluye ninguna de esas condiciones en su cálculo. Trata el tiempo como si fuera un recipiente vacío en el que todo lo valioso pudiera guardarse sin deterioro.
Por eso los habitantes de Luggnagg se ríen. No lo hacen porque la riqueza, el estudio o la memoria carezcan de valor. Se ríen porque conocen a los struldbrugs reales y detectan inmediatamente el supuesto oculto de su discurso: Gulliver ha unido inmortalidad y juventud como si fueran la misma cosa.
La corrección que sigue pertenece a las entradas posteriores de la colección: los inmortales envejecen, pierden facultades y son apartados jurídicamente. Pero antes de describir ese resultado, Swift dedica espacio a la fantasía completa. Necesita mostrar qué desea exactamente Gulliver para que la refutación tenga fuerza.
Lo que desea no es simplemente no morir. Desea que ninguna ganancia se pierda.
Quiere conservar el capital, los conocimientos, la influencia, las observaciones y la identidad personal. Imagina que cada año añade algo y nunca resta nada. Su inmortal es una institución de archivo, un inversor de muy largo plazo y un consejero permanente reunidos en el mismo cuerpo.
Esa visión revela una forma particular de pensar el futuro. Gulliver supone que disponer de más tiempo resolvería los límites humanos porque permitiría terminar todos los proyectos. Con doscientos años se obtiene la fortuna. Con varios siglos se dominan las ciencias. Con milenios se contempla la historia entera.
Pero el tiempo no trabaja por sí solo. Puede ofrecer oportunidades y también destruir las condiciones necesarias para aprovecharlas.
Swift no está presentando un estudio económico de la longevidad ni una teoría médica. Está construyendo una sátira mediante dos perspectivas consecutivas: primero deja que el deseo humano se explique con toda confianza; después permite que la experiencia local muestre lo que ese deseo había omitido.
La primera perspectiva importa porque no es absurda a simple vista. Muchos proyectos ordinarios siguen la misma lógica en menor escala. Ahorramos para que el dinero crezca, estudiamos para acumular conocimiento y escribimos para conservar recuerdos. Gulliver solo elimina del cálculo el límite que obliga a elegir entre ellos.
Al desaparecer la muerte, cree que desaparece también la necesidad de renunciar.
Ahí está su error más profundo. La vida no está limitada únicamente por su duración. También lo está por la fragilidad del cuerpo, la capacidad de atención, la transformación de las instituciones y la dependencia de otras personas. Una eternidad biológica no garantiza una continuidad económica, mental o social.
Los struldbrugs todavía no han entrado plenamente en escena y ya han revelado algo sobre Gulliver. Ante una forma desconocida de vida, no intenta comprenderla desde sus propias condiciones. Proyecta sobre ella los deseos de un europeo mortal: más riqueza, más saber, más prestigio y más control del pasado.
Su inmortalidad ideal no es una vida diferente. Es la misma carrera humana, pero sin fecha de cierre.
Swift deja que la fantasía alcance su máxima precisión antes de desmontarla. Por eso Gulliver puede calcular los doscientos años necesarios para hacerse rico y, al mismo tiempo, no dedicar una sola pregunta a qué clase de persona llegaría al final de ese plazo.
Imaginó la eternidad como una máquina de acumularlo todo porque todavía no había considerado que una vida también puede seguir sumando años mientras pierde aquello que permitía convertirlos en experiencia.
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