Ciencia y matemáticas
En un modelo, solo el 4–6 % de los escenarios llevó la captura directa de aire a una gigatonelada
“El resultado no dice que la captura directa de aire tenga un 5 % de probabilidad real de triunfar; dice que, dentro de ese modelo y de sus supuestos, el éxito gigantesco ocupó una cola pequeña de la distribución.”

Instalación de Climeworks para capturar dióxido de carbono directamente del aire, presentada en Berna en 2015. La imagen muestra la tecnología, no la escala futura del modelo analizado.
En 2050, la captura directa de dióxido de carbono del aire podría retirar una cantidad enorme de CO₂ o seguir siendo una industria pequeña. La diferencia no depende solo de que las máquinas funcionen. Depende de costes, velocidad de construcción, financiación, almacenamiento geológico, políticas climáticas y décadas de apoyo público.
Un preprint publicado en marzo de 2026 intentó medir esa incertidumbre en vez de esconderla detrás de una única trayectoria. Sus autores ejecutaron miles de variantes de un modelo integrado y obtuvieron una distribución muy desigual: la mayoría de los escenarios produjo poco despliegue, mientras solo entre el 4 % y el 6 % alcanzó una escala de gigatonelada hacia mitad de siglo.
El resultado no dice que la captura directa de aire tenga un 5 % de probabilidad real de triunfar; dice que, dentro de ese modelo y de sus supuestos, el éxito gigantesco ocupó una cola pequeña de la distribución.
Sacar CO₂ del aire es distinto de capturarlo en una chimenea
En una central o una fábrica, el CO₂ sale concentrado en un flujo de gases. En el aire ambiente está muy diluido. La captura directa de aire —DAC, por sus siglas en inglés— debe mover grandes volúmenes de aire a través de materiales que retienen selectivamente el dióxido de carbono. Después hay que liberar el gas, comprimirlo, transportarlo y almacenarlo de manera duradera para que el proceso cuente como eliminación.
Esa cadena consume energía y capital. También necesita lugares de almacenamiento, permisos, redes de transporte y sistemas de medición. Una máquina que captura una tonelada no demuestra que puedan construirse millones de máquinas, alimentarlas con energía baja en carbono y operar todo el sistema durante décadas.
Por eso el estudio no preguntó únicamente cuánto podría bajar el coste de un sorbente. Incorporó incertidumbres tecnológicas, financieras, de mercado y de política pública.
Seis mil futuros calculados
Los investigadores analizaron dos marcos climáticos: uno asociado a compromisos nacionales y otro a una estrategia de largo plazo más ambiciosa. Para cada uno generaron 3.000 combinaciones de parámetros, un total de 6.000 ejecuciones. Variaron 36 entradas, entre ellas costes, ritmos máximos de crecimiento, disponibilidad de almacenamiento, financiación y diseño de subsidios.
Los resultados centrales fueron modestos comparados con la escala que suele aparecer en los titulares. En el marco de compromisos nacionales, la mediana para 2050 fue de unos 0,06 gigatoneladas anuales. En el escenario de largo plazo fue de alrededor de 0,39 gigatoneladas. Solo un 4 % y un 6 %, respectivamente, llegó a una gigatonelada.
Una gigatonelada son mil millones de toneladas. Alcanzarla no significa resolver el cambio climático: las emisiones mundiales de CO₂ siguen siendo mucho mayores. El número sirve aquí como umbral de industrialización masiva.