Infraestructura invisible
El casco redondeado del Fram convertía la presión del hielo en elevación
“El casco del Fram convertía parte del empuje lateral del hielo en elevación y escapaba así del plano donde podía ser aplastado.”

El Fram atrapado en la banquisa del océano Ártico el 1 de julio de 1894.
A finales del siglo XIX, quedar atrapado en el hielo polar solía significar que un barco había empezado a perder una lucha desigual. Las placas no necesitaban golpearlo como un ariete: bastaba con que cerraran lentamente, apoyaran su presión sobre costados casi verticales y terminaran abriendo las cuadernas. Fridtjof Nansen planteó otra pregunta: ¿y si el casco no ofrecía al hielo un punto firme que pudiera aplastar?
La idea nació de un naufragio. La expedición estadounidense del Jeannette había quedado aprisionada al norte de Siberia y su barco se hundió en 1881. Años después aparecieron restos de aquella expedición en la costa de Groenlandia. Nansen interpretó ese recorrido como evidencia de una deriva transpolar y propuso utilizarla deliberadamente: congelar un barco dentro de la banquisa y dejar que el hielo lo transportara.
Ese plan exigía una nave poco común. Nansen encargó la construcción a Colin Archer y llamó al barco Fram, “Adelante”. No debía abrirse camino continuamente a través del hielo, sino sobrevivir varios años dentro de él. La expedición dependía, por tanto, de convertir una amenaza estructural en parte del medio de transporte.
El principio decisivo estaba en la geometría. Nansen describió un casco ancho, de costados inclinados, superficies suaves y formas redondeadas. Proa, popa y quilla perdían los bordes donde una placa pudiera agarrarse. Su comparación era deliberadamente física: quería que el barco pudiera escurrirse de los abrazos del hielo “como una anguila”.
Cuando dos masas de hielo empujaban desde lados opuestos, un costado vertical habría recibido una fuerza principalmente horizontal. En el Fram, la superficie inclinada ofrecía otra salida: parte del empuje podía actuar hacia arriba. El hielo seguía comprimiendo el barco, pero la forma del casco favorecía que ascendiera sobre las placas en vez de permanecer encajado entre ellas.
La anchura ayudaba a sostener esa solución. El barco medía aproximadamente un tercio de su longitud de manga, una proporción muy distinta de la de una nave rápida y esbelta. El fondo se hizo relativamente plano para limitar la escora cuando el casco fuera levantado. Aquella forma lo hacía incómodo y lento en mar abierto, pero su objetivo principal no era navegar con elegancia.
Dejarse levantar tampoco significaba ser frágil. Los costados reunían entre 61 y 71 centímetros de madera estanca, según la descripción de Nansen, y el interior parecía una telaraña de vigas, puntales y refuerzos. La innovación no sustituyó la resistencia por flexibilidad: combinó una estructura extraordinariamente fuerte con una forma que evitaba soportar toda la carga en la dirección más destructiva.
El primer gran ensayo llegó en octubre de 1893. Nansen anotó que el hielo empezó a presionar, el barco tembló y todos corrieron a cubierta. La banquisa tuvo que deslizarse por debajo y el Fram fue elevándose lentamente. En algunas compresiones subió varios pies; después su propio peso rompió el hielo que lo sostenía y la presión cedió.