Dinero y confianza
Don Quijote ordenó pagar el retablo roto con el dinero administrado por Sancho
El pago del retablo y del mono sale por orden del amo y por mano de Sancho.

Don Quijote interviene en el retablo de Maese Pedro y después paga con dinero de Sancho.
Después de destrozar el retablo, Don Quijote acepta que hay que pagar.
La liberalidad parece noble: reconoce el daño y manda satisfacerlo. Pero el dinero no sale directamente de su bolsa, sino por mano de Sancho. El amo decide la reparación; el escudero ejecuta el desembolso.
La idea central está ahí: Don Quijote puede ser generoso con una caja que administra Sancho.
La escena tiene una comicidad económica muy precisa. Don Quijote rompe por confundir ficción y realidad; luego restaura el orden mediante pago. Pero la restauración material pasa por quien lleva el dinero y siente más de cerca cada real.
Sancho queda atrapado entre obediencia y contabilidad. Sabe que hay que cubrir los daños, pero también que el idealismo de su amo cuesta. Las aventuras no solo producen golpes: producen facturas.
Cervantes baja la épica al terreno de la indemnización. Los muñecos rotos, el mono, el retablo y la honra del titiritero terminan convertidos en cuenta concreta.
La liberalidad de Don Quijote conserva algo hermoso: no huye del daño causado. Pero también revela una asimetría práctica: quien sueña no siempre paga con la misma inmediatez que quien guarda el dinero.
Don Quijote fue liberal con el dinero de Sancho porque en la novela hasta los impulsos más nobles tienen que pasar por una bolsa, una mano y una suma.