Alimentos e historia
La batata no prueba quién cruzó el Pacífico, pero los genomas confirman contacto preeuropeo
“La batata estaba en Polinesia antes de la llegada europea, pero la planta no demuestra por sí sola quién cruzó el Pacífico ni cómo lo hizo.”
Raíces de batata o camote, el cultivo americano cuya presencia antigua en Polinesia abrió preguntas sobre contactos y navegación antes de los europeos.
Una planta puede fijar una fecha y, al mismo tiempo, complicar un viaje. La batata —Ipomoea batatas, llamada kūmara en varias lenguas polinesias— estaba cultivada en el Pacífico antes de que los europeos registraran esas islas. Eso es firme. Lo que sigue abierto es cómo llegó.
La especie fue domesticada en América. Su presencia antigua en lugares separados por miles de kilómetros de océano convirtió una raíz en una de las pistas más famosas sobre posibles contactos preeuropeos entre Sudamérica y Polinesia. Durante décadas, la explicación parecía casi automática: si el cultivo era americano y estaba en Polinesia, alguien debía haberlo transportado.
La arqueología confirma la primera mitad del razonamiento. Restos, contextos de cultivo y dataciones muestran batata en distintas partes del Pacífico antes de la expansión europea. Las fechas y la conservación varían según el yacimiento, pero el cuadro general no depende de una sola muestra: la batata formaba parte de sistemas agrícolas polinesios preeuropeos.
También existe una pista lingüística. Palabras polinesias como kūmara se parecen a formas registradas en lenguas sudamericanas. La semejanza es sugerente porque acompaña a un cultivo de origen americano. Pero una palabra parecida no reconstruye por sí sola una ruta, una dirección ni un viaje concreto. Puede reforzar una hipótesis; no puede sustituir la arqueología ni la genética.
En 2013, un estudio de colecciones históricas de batata reconstruyó varias señales de difusión hacia Oceanía. Trabajar con ejemplares antiguos permitía reducir el ruido causado por movimientos modernos de plantas y cruces posteriores. Sus resultados apoyaban la existencia de material polinesio anterior a los intercambios coloniales y mantenían abierta una introducción humana preeuropea.
Cinco años después, otra investigación cambió el equilibrio del debate. Un equipo analizó el genoma de una batata recogida en las Islas de la Sociedad durante el viaje de James Cook de 1769 y la comparó con parientes americanos. Estimó que aquella línea se había separado de sus parientes continentales al menos unos 111.500 años atrás, mucho antes de que hubiera personas en Polinesia.
Ese cálculo no demuestra que toda la batata polinesia llegara sola. Sí demuestra algo más incómodo: la planta no puede funcionar como prueba automática de un viaje humano. Semillas capaces de sobrevivir, corrientes, aves o balsas naturales ofrecen mecanismos posibles de dispersión a larga distancia. La genética vegetal permite una ruta natural que antes parecía menos probable.
Aquí conviene separar dos preguntas. La primera es botánica: ¿cómo llegó la batata al Pacífico? La segunda es histórica: ¿hubo contacto humano entre Polinesia y América antes de los europeos? Pueden tener respuestas distintas. Una planta pudo cruzar sin personas y, aun así, haber existido contacto humano después. O pudo haber más de una introducción.
La genética humana aportó una respuesta independiente a la segunda pregunta. En 2020, un estudio analizó 807 personas de 17 poblaciones insulares de Polinesia y las comparó con 15 grupos indígenas de la costa americana. Encontró evidencia de contacto prehistórico alrededor del año 1200, anterior a la llegada europea y contemporáneo de la expansión por la Oceanía remota.